OBJETIVO: CONTRIBUIR A LA VISIBILIZACION Y PROMOCION DE LAS MUJERES DEPORTISTAS EN MONCLOVA, COAHUILA Y CIUDADES ALEDAÑAS.


miércoles, 20 de octubre de 2010

Pilar Roldán, La mosquetera mexicana.

Un dia como hoy, pero de 1968 la mexicana Pilar Roldán se convirtió en la primera mujer mexicana en ganar medalla en los Juegos Olimpicos. Hoy se cumplen ya 42 años de esta proeza, por lo que presentamos un video, una serie de fotografias y una reseña.


Quien iba a pensarlo. En una casa donde el único deporte que se practicaba era el tenis, es difícil imaginar que surgiera una medallista olímpica, y no precisamente del deporte blanco, sino de esgrima. De eso han pasado casi 36 años cuando aquel 20 de octubre de 1968, Pilar Roldán se convirtió en la primera mujer mexicana y latinoamericana en ganar una presea en Juegos Olímpicos.
Su padre, Ángel Roldán, el ‘Güero’, quien fue uno de los mejores raquetistas en el ámbito nacional a tal grado de formar parte de la selección mexicana de Copa Davis en 1934 y que jugó al lado de Esteban Reyes, Eduardo Tapia y Eduardo Mestre, y su madre María Tapia, la ‘Chata’, triple medallista en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en El Salvador, campeona en singles y en mixtos al lado de Alfonso Unda en 1935, y medalla de plata en dobles con Fernanda Cedillo, fueron quienes inculcaron a Pilar el amor por el tenis.

Ella lo traía en la sangre. Fue su deporte de siempre. Por eso no resultó extraño verla, apenas a los seis años de edad, empuñando una raqueta en las mesas de arcilla del Junior Club. Sin embargo el destino le cambió el rumbo a su vida partiendo de una admiración que Roldán tenía hacia los Tres Mosqueteros, obra literaria de Alejandro Dumas, y la cual fue llevada a la pantalla grande. Así es como inicia su pasión por el esgrima, deporte que empezó a practicar a los 13 años bajo las órdenes del profesor italiano Eduardo Alajino, hombre de reconocida calidad a nivel mundial en la disciplina y quien la preparó de tal modo que para 1955, con apenas 15 años de edad, formó parte de la delegación mexicana que participó en los II Juegos Panamericanos, celebrados en la Ciudad de México, y en la cual también sus padres representaron al deporte azteca. Sin duda un hecho insólito, pues una familia entregada al deporte representaría a su país.

En esa ocasión Pilar Roldán no ganó una presea para nuestro país, pero sí fue un inicio alentador en competencias internacionales. A partir de entonces participó en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1959 celebrado en Caracas, Venezuela, donde obtuvo la presea de bronce, y en los de 1962, disputados en Kingston, en los que ganó medalla de plata. Durante sus participaciones siempre mostró un excelente nivel, y poco a poco iría adquiriendo la experiencia que la llevó a ser una de las mejores esgrimistas del mundo.

EL CAMINO OLÍMPICO

Ya con un roce internacional, a principios de 1956, año olímpico, Pilar Roldán participó en el torneo selectivo para competir en Melbourne. Esa ocasión logró su objetivo: con sólo 16 años de edad, obtuvo su pase al certamen deportivo más importante del mundo. Un año más tarde era parte del contingente mexicano y se convertía en la segunda esgrimista mexicana en participar en los Juegos Olímpicos, su única antecesora era Eugenia Escudero, quien compitió en Los Ángeles 1932. Esperar una medalla de la joven floretista era todavía muy aventurado, pues requería de mejorar en varios aspectos, aunque el saldo final no fue nada decepcionante. Quedar en décimo lugar dentro de las semifinales de este deporte luego de cuatro victorias era alentador.

Ante esta experiencia, el padre de Roldán decidió apoyar económicamente a su hija para que ella participara en más competencias internacionales. Por ello es que en agosto de 1959 se proclamó campeona del abierto estadounidense de esgrima. Un hecho increíble no sólo para México, sino para todo el continente y que por el cual la floretista tricolor sería considerada la número uno de América. Al ya no tener a rivales tan fuertes en la zona, la mexicana viaja a Europa para iniciar su preparación con miras a los Juegos Olímpicos de roma 1960. Ahí se lleva los abiertos de Holanda y de Alemania Federal además de obtener el cetro del internacional de campeonas nacionales. En París finalizó séptima en una prueba que reunió a cien floretistas y después ganó la medalla de bronce en un torneo realizado en Luxemburgo.

En la edición de las Olimpiadas de1960, Pilar Roldán encabezó la delegación mexicana pues sería ella la abanderada tricolor, convirtiéndose en la primer mujer en portar el lábaro patrio de su país en una competencia deportiva como ésta. La medalla olímpica todavía seguiría sin llegar, aunque hubo un progreso considerable, pues llegó hasta las finales y de este modo se clasificó entre las mejores ocho del orbe. A su regreso a México se casó y tuvo su primer hijo en 1961. Aunque eso no sería motivo para truncar una carrera deportiva que iba en ascenso y que tendría una merecida recompensa, a pesar de que estuvo a punto de ser interrumpida por una decisión errónea de Clark Flores, presidente del Comité Olímpico Mexicano, pues él decidió que no iría ningún esgrimista a las olimpiadas de Tokio ya que consideraba que no había floretistas de calidad.

AQUEL 20 DE OCTUBRE...

Luego de la amarga experiencia de no haber asistido a los Juegos Olímpicos de Tokio, Pilar Roldán decidió prepararse lo mejor posible para dar una extraordinaria actuación en México 1968, y demostrar que Flores estuvo equivocado al no haber enviado a ningún esgrimista a la justa veraniega de 1964.

Además era la mejor oportunidad para por fin terminar de ser una promesa y convertirse en una realidad del deporte mexicano. Poco a poco fue escalando lugares al ir eliminando a sus rivales y llegar de este modo hasta la final.

En esa fase sus contrincantes serían las soviéticas Novikova y Gorokhova, la húngara Rejto, la francesa Gapais y la sueca Palme. Pilar Roldán perdió sus dos combates iniciales, ante Novikova y Rejto, causando un desaliento entre el público, que recuperó el ánimo cuando la mexicana derrotó a Gorokhova y también a Gapais.

Todavía faltaba otra adversaria, la sueca Kerstin Palme. La que resultara ganadora podía llevarse la medalla de bronce o inclusive la de plata si era buena su diferencia entre los toques dados y recibidos. Roldán conocía perfectamente a su rival y además contaba con el apoyo de la afición mexicana que se le entregó totalmente.

Pilar demostró su calidad y doblegó a la europea lo cual provocó un estallido de felicidad luego de los resultados finales. Novikova era la campeona al ganar la medalla de oro, con cuatro victorias, una derrota, 19 toques a favor y 11 en contra.

Mientras que Pilar Roldán y la húngara Rejto, campeona olímpica en Tokio, cuatro años antes, empataron con 3 victorias y dos derrotas. Pero la medalla de plata fue para la mexicana por su mejor diferencia entre toques dados y recibidos: 17-14 contra 14-16.

¿Qué le faltaba a una mujer que ya era medallista centroamericana, panamericana y olímpica, y que por lo cual su nombre ya estaba escrito en la historia del deporte con letras doradas?, por supuesto nada más que refrendar títulos en las diversas competencias, lo cual sucedió en 1988, cuando Pilar conquistó el primer sitio del Centroamericano y del Caribe efectuado en México y se situó en segundo lugar en el torneo internacional de Río de Janeiro.

Los reconocimientos no se harían esperar pues así como ella sería la primera mujer mexicana medallista olímpica, sería también la primera mujer miembro permanente del COM, primera integrante del comité ejecutivo del COM, primera presidenta de la Confederación Mexicana de Esgrima y primera integrante del Comité Ejecutivo de la Federación Internacional de Esgrima.

Una dama cuyo destino le marcó abrir brecha en todo lo que se proponga, pero cuyo mejor regalo es ser un aliento para las demás mujeres mexicanas que desde entonces han luchado por tener igualdad de oportunidades y que en este siglo XXI ya es toda una realidad.

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